HOW TO PEEL AN ORANGE [COMO PELAR UNA NARANJA], 2020

En Guatemala, el miedo a la violencia se encarna, y sus efectos no solo se sienten en el cuerpo humano, sino también se perciben en los cuerpos de los objetos diseñados para absorber el trauma: barricadas, kevlar, vidrios a prueba de balas. 

Si cambiaría la función de estos objetos,  ¿Podría cambiar su significado?

Con esta pregunta como base, How to Peel and Orange [Cómo pelar una naranja] pone a prueba la relación entre el significado y la memoria en la curación del trauma: ¿puedes cambiar la valencia de un material para exorcizarlo de su peso cultural e impacto emocional?

Tomando el vidrio a prueba de balas recuperado como sujeto, un material destinado a ser brutalizado con el fin de proteger, un algoritmo empareja al azar preguntas y respuestas en tiempo real para "reasignar" la función del material. Extraído de una variedad de fuentes, desde referencias culturales hasta consejos ancestrales, el programa se mezcla continuamente, evitando que el significado se fije al tiempo que ofrece soluciones potenciales a consultas comunes, a menudo clichés.

Si bien se hace referencia a muchas de las características del vidrio a prueba de balas y su pasado, en la experiencia sensorial (toque, sabor, vista, olor) el material se cataliza en un sitio para interactuar y jugar, ya que los participantes están invitados a comer las naranjas y decorar el cubo blanco con sus cáscaras.


HOW TO PEEL AN ORANGE [COMO PELAR UNA NARANJA], 2020

In Guatemala, the fear of violence is embodied, and its effects are not only felt in the human body, but also perceived in the bodies of objects designed to absorb trauma: barricades, kevlar, bulletproof glass.

If I change the function of these objects, can I change their meaning?

Informed by this question, How to Peel an Orange tests the relationship between meaning and memory in the healing of trauma: can you shift the valence of a material to exorcise it of its cultural weight and emotional impact?

Taking reclaimed bulletproof glass as subject— a material meant to be brutalized in order to protect—an algorithm randomly pairs how-to-questions and answers in live time to “reassign” the material’s function. Drawn from an array of sources—from cultural references to ancestral advice—the program shuffles continuously, preventing meaning from becoming fixed while offering potential solutions to common, often cliché queries.

While many characteristics of the bulletproof glass and its past are referenced, in sensorial experience (touch, taste, sight, smell) the material is catalyzed into a site for interaction and play as participants are invited to eat the oranges and decorate the white cube with their peels.